Copia de 5

Luis Antonio Rojas en Polanco, Ciudad de México

Fotoperiodista independiente y explorador de National Geographic

NOTICIA

30 de septiembre de 2020

“¿Podríamos hablar de algo más que no sea coronavirus, por favor? Me da miedo”, dijo Sarah un día en la mesa familiar. A principios de la pandemia, su bisabuela murió por Covid-19 y Sarah, una niña de 7 años, se dio cuenta de lo peligroso que era el virus, aunque no entendía que se trata de una amenaza microscópica. 

Llegó en enero a México, después de dejar a sus amigos en Costa Rica, antes en Perú, donde pasó los últimos años debido a las constantes mudanzas del trabajo de su papá. Por culpa de los calendarios escolares en la Ciudad de México había adelantado curso, no dejaba de sentirse la niña nueva del salón. “Siento que la cuarentena ha durado 100 años”, dice Sarah, quien pese a volver a su país natal, aún no consigue reencontrarse con él, ni visitar a sus abuelos en San Luis Potosí por la pandemia. Le falta el colegio, los juegos, hacer nuevos amigos; al final extraña a los de aquí y a los de allá.

Cuando no está en la vieja laptop de mamá siguiendo las clases por Padlet, hace sesiones de Yoga por Zoom, se disfraza de robot y construye castillos en su cuarto, pero el encierro y la escuela a distancia le han sido difíciles y a ratos dolorosos. En casa solo está con adultos. Según un estudio de Save the Children, el 65% de los niños a nivel mundial están sufriendo por el aburrimiento y aislamiento producto de la pandemia. Uno de cada cuatro, está experimentando ansiedad. Cuando Sarah ya no puede más, hace alguna rabieta y llora abrazando en su cuarto a Lima, su perro adoptado. “¿Esto es un Covid?” le pregunta asustada a su papá, confundiendo una semilla verde y espinuda de un árbol liquidambar a un par de cuadras de su casa.

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Sarah Mac Gillivray Corpi, alumna de segundo de primaria del Liceo Franco-Mexicano, baila con un aro en su departamento en colonia Polanco, en la Ciudad de México, el domingo 28 de junio del 2020.  Fotografías: Luis Antonio Rojas

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Sarah, de siete años, decide con su madre qué actividad realizar en la plataforma web de su escuela.

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Sarah sostiene una semilla de un árbol liquidambar, como la que confundió con una partícula de Covid-19.

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Sarah patina con sus padres en la colonia Polanco.

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Sarah llora mientras abraza a su perra sobre su cama después de haber tenido una discusión con sus padres.

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Sarah muestra un pizarrón con el resultado de un ejercicio de matématicas durante una clase a través de la aplicación Zoom.

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Sarah juega Nintendo Switch en la sala de su departamento.

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Libro de caligrafía de Sarah, con ejercicios para prácticar la letra "l" y los acentos realizados en casa durante la pandemia.

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Sarah respira durante una meditación en una clase privada de Yoga en su departamento.

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(Textos: Stephania Corpi)

Este reportaje forma parte de la serie COVID-19 en México, producida por Quinto Elemento Lab

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